Notas · Bufetes de abogados
La misma frase no vale a los dos lados de la frontera.
Honorarios ligados al resultado, información previa y condena en costas: lo que cambia entre Suiza y España, y cómo se explica en la web de un bufete que trabaja en los dos países.
«Solo cobramos si ganamos.» En España, pactar con el cliente que el abogado cobre solo si gana es posible. En Suiza, en un pleito, la ley federal de la abogacía lo prohíbe. Un bufete que trabaja en los dos países y traduce su web palabra por palabra puede acabar prometiendo en alemán lo que solo podía ofrecer en español.
Los honorarios son la parte de la web de un bufete que más se lee y la que peor se escribe. Casi siempre se resuelven con una frase vaga, del tipo «honorarios transparentes y adaptados a cada caso», que no dice nada en ningún país. Cuando el despacho trabaja a los dos lados de la frontera, la vaguedad se convierte además en un riesgo.
Suiza: honorarios, no una parte del resultado.
El artículo 12 de la ley federal de la abogacía tiene dos letras que interesan aquí. La letra e prohíbe pactar con el cliente, antes de que termine el pleito, una participación en lo que se gane en lugar de los honorarios, y también comprometerse a renunciar a ellos si el procedimiento acaba mal. La letra i obliga a explicar al cliente, al aceptar el mandato, los principios con los que se facturará, y a informarle periódicamente, o cuando lo pida, del importe de los honorarios que debe.
En la web, la letra i se traduce en algo sencillo: decir antes de la primera reunión si el despacho factura por horas, a tanto alzado o por fases, y cada cuánto informará al cliente de lo acumulado. Quien sabe que recibirá una relación de honorarios cada mes no necesita preguntarlo, y no se lleva sorpresas.
Qué acuerdos complementarios caben es algo que cada bufete conoce mejor que nadie. La web solo tiene que no prometer lo que la letra e prohíbe, y explicar desde el principio lo que pide la letra i.
Las costas siguen otra lógica. El Código Procesal Civil suizo, en su artículo 106, pone las costas a cargo de la parte que pierde. Eso incluye una indemnización a la parte que gana por sus gastos de abogado, pero esa indemnización se fija según tarifas y puede no cubrir todo lo que el cliente pagó a su despacho.
España: libertad de pacto, con información previa.
En España, la historia va en sentido contrario. Una sentencia del Tribunal Supremo de 4 de noviembre de 2008 dejó sin efecto la prohibición de la cuota litis que imponían las normas colegiales, es decir, del pacto que liga los honorarios al resultado. Desde entonces, abogado y cliente pueden acordarlo libremente, dentro de las normas deontológicas y de competencia.
Libertad no significa silencio. El artículo 14 del Código Deontológico obliga a informar antes del importe aproximado de los honorarios o de las bases para calcularlos, y de las consecuencias de una eventual condena en costas. La Ley Orgánica 5/2024 del Derecho de Defensa convierte esa información en un derecho del cliente: saber cómo se fijan los honorarios y qué consecuencias tiene una condena en costas, y pedir un presupuesto previo por escrito.
Las costas, en España, las paga por regla general quien ve rechazadas todas sus pretensiones, salvo que el tribunal aprecie serias dudas de hecho o de derecho, según el artículo 394.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil. Y el artículo 394.3 limita la parte que corresponde a los abogados a un tercio de la cuantía del proceso por cada litigante que haya ganado, salvo temeridad.
Para quien vive en Suiza y pleitea en España, o al revés, estas diferencias sorprenden. Es justo la clase de explicación que una web puede dar con calma y que una primera conversación, con prisa, suele dejar a medias.
Lo que hace la web de Orvalle.
Orvalle, el bufete imaginario que diseñé para este sector, tiene despachos en Lugano y en Madrid. Su web no puede tener una sola página de honorarios con una frase para todos. Tiene una página con dos columnas.
- Una tabla, dos países. Formas de honorarios, pactos ligados al resultado, información obligatoria y costas, lado a lado, con la norma de cada fila.
- Un estimador prudente. El cliente elige país, tipo de asunto y forma de honorarios, y ve una orientación con lo que incluye y lo que no. Debajo, siempre, la frase «Esto no es un presupuesto».
- Las costas en una frase. Qué pasa si se pierde, en cada país, sin tecnicismos.
- Una frase para cada país, en cada idioma. Lo que se dice de Suiza parte de la norma suiza y lo que se dice de España, de la española, en los seis idiomas de la web.
Antes de publicar, yo revisaría esto.
- Ninguna promesa de cobrar solo si se gana en las páginas que hablan de pleitos en Suiza.
- Los principios de facturación explicados antes de aceptar el mandato: por hora, por fases o a tanto alzado, y cuándo se informa del importe.
- Las costas descritas como son en cada país, sin dar a entender que quien gana lo recupera todo.
- El presupuesto previo por escrito ofrecido de forma visible a los clientes en España.
- Cada traducción revisada por alguien del despacho que conozca la norma del país al que se dirige.
Una prueba sencilla: coja la frase sobre honorarios de la versión española de su web y léala como la leería un cliente en Suiza. Después haga lo contrario con la versión suiza. ¿Sigue siendo verdad en el otro país? ¿Sigue estando permitida?
Si una de las dos frases solo funciona a un lado de la frontera, el cliente no lo sabrá al leerla. Lo descubrirá al final, cuando llegue la cuenta, que es el peor momento para descubrir nada.
Qué forma de honorarios conviene a cada asunto lo decide el bufete. La web solo tiene que contarlo con la misma precisión en los dos países. En el concepto Orvalle puede ver la tabla y el estimador en seis idiomas, y en el Diagnóstico Estratégico revisamos juntos cómo lo cuenta hoy su web.