Notas · Hoteles y restaurantes
En Nueva York, casi la mitad de los restaurantes que recibieron una estrella Michelin habían cerrado a finales de 2019. Entre los bien reseñados sin estrella, uno de cada cinco.
Qué encontró un estudio de dos décadas, por qué según los propios restauradores, lo que no se puede trasladar a Europa y por qué una estrella cambia sobre todo quién se sienta a la mesa.
Imagine la escena: noviembre, gala de la Guía Michelin. Un restaurante de Marbella recibe su primera estrella. Esa noche el teléfono no para y el formulario de reservas se llena en inglés, alemán y árabe. A los tres meses, la propiedad del local pide hablar de la renovación del alquiler. Al año, su segundo de cocina recibe una oferta de otro grupo.
Una estrella se celebra como un final. El estudio más serio que conozco sobre lo que viene después sugiere que es un principio, y no siempre de algo bueno.
El estudio.
Daniel Sands, de la escuela de negocios de la UCL, publicó en 2024 en el Strategic Management Journal un análisis de la llegada de la Guía Michelin a Nueva York, en 2005, la primera vez que salía de Europa. Reunió los 276 restaurantes abiertos entre 2000 y 2014 que habían recibido una crítica con estrellas del New York Times en su primer año, y siguió su suerte hasta 2019.
De ellos, 92 recibieron una estrella Michelin. A finales de 2019 habían cerrado 42, el 45,7 %. De los 184 que no la recibieron, cerraron 35, el 19 %. Y los que cerraron con estrella lo hicieron, de media, tras 8,05 años abiertos, frente a 9,2 los demás.
Por qué, según los propios restauradores.
El autor entrevistó a restauradores y revisó lo que habían contado en prensa. Aparecen cuatro presiones. Los propietarios de los locales negocian más fuerte cuando ven el éxito, y no llegar a un acuerdo con ellos fue un motivo de cierre recurrente. Los proveedores de lo mejor tienen pocos sustitutos. El equipo que sostiene el nivel se vuelve más visible y recibe ofertas. Y el público cambia y espera más.
Una entrevista lo resume: «Fue un repunte rápido. El primer año con la estrella hubo mucho más movimiento, vinieron muchos más turistas, gente de paso que quiere ver algo especial». El mismo restaurador había reorganizado los turnos y puesto mesas más grandes para que los clientes estuvieran más cómodos, aun sabiendo que no iba a facturar más por ello.
Lo que el estudio no dice.
Es una asociación, no una prueba de causa. Es una sola ciudad, con sus alquileres, y termina antes de la pandemia. No dice nada de España ni de Suiza, ni de los Soles Repsol o de Gault&Millau. No lo convierto en una regla europea. Lo convierto en una pregunta para quien aspira a una estrella o acaba de recibirla.
El punto ciego: la estrella cambia el público.
Casi todo lo que se escribe sobre las estrellas habla de la cocina. Lo que más me interesa del estudio es otra cosa: la estrella trae a otra gente. Llega un público de paso, de otros países, que viene a ver algo especial y llega con una expectativa que no ha fijado el restaurante, sino la guía y las reseñas.
Esa expectativa se puede gestionar antes de que llegue a la mesa. La web es el sitio donde se explica cómo es una noche en ese comedor: cuánto dura el menú, cuánto cuesta, qué no se puede cambiar. Y es también donde se decide si el cliente de siempre sigue encontrando mesa cuando la lista de espera se llena de visitantes.
Una estrella no cambia la cocina. Cambia a quién se sienta a la mesa.
Mi posición.
No creo que una estrella sea una maldición, y no le diría a nadie que renuncie a ella. Creo que hay que prepararla como se prepara una apertura: con el contrato del local, el equipo y los proveedores revisados antes de la gala, no después. Y con una web que explique la experiencia con precisión, en los idiomas del nuevo público, para que la expectativa la fije usted y no la reseña de otro. La estrella la da la guía. Lo que espera quien reserva, se lo puede contar usted antes.
Lo que yo revisaría.
- El contrato del local. Cuándo vence y con qué margen negociará con una estrella en la puerta.
- El equipo clave. Qué personas sostienen el nivel y qué razones tienen para quedarse.
- Lo que explica su web. Duración, precio, restricciones y lo que no se puede cambiar, antes de reservar.
- Los idiomas. Si la web y la reserva hablan el idioma del público que llega con la estrella.
- El cliente de siempre. Cómo sigue encontrando mesa quien venía antes del premio.
Por dónde empezar.
- Esta semana
Mirar los contratos
Vencimiento del alquiler y de los acuerdos con los proveedores que no tienen sustituto.
- Este mes
Escribir la experiencia
Una página que cuente cómo es una noche en su mesa, con precio y duración, en todos sus idiomas.
- Este trimestre
Cuidar a los de siempre
Una vía directa para que sus clientes habituales reserven antes que nadie, sin depender de una plataforma.
- Cada temporada
Medir quién vuelve
Qué parte de sus clientes repite, y si cambia después de un premio.
Una pregunta que casi ningún restaurante se hace antes de la estrella y casi todos se hacen después: ¿para quién cocina usted hoy? No para quién le gustaría cocinar. Para quién reserva de verdad un martes cualquiera.
Ahora imagine que mañana suena el teléfono con la noticia. ¿Cuántos de esos clientes de los martes encontrarían mesa dentro de tres meses? ¿Y qué les diría su web a los que no la encuentren?
Si quiere que revise si su web está preparada para el público que trae una estrella, empiece por el Diagnóstico Estratégico. Si aspirar a una estrella le compensa lo decide usted con sus números, no un diseñador.