Notas · Clínicas privadas
La peor respuesta a una mala reseña es la que gana la discusión. Porque para ganarla hay que contar lo que usted sabe de su paciente.
Una sanción real en España, lo que dicen el secreto profesional español y el suizo, lo que no se sabe todavía, y el protocolo de respuesta que yo escribiría antes de que llegue la próxima estrella solitaria.
Imagine la escena: un sábado a las 23:10, una clínica de medicina estética de Marbella recibe una reseña de una estrella. «Me cobraron más de lo acordado y el resultado es peor que antes.» La dirección médica, dolida, empieza a escribir la respuesta: «Señora, en su consulta del 12 de marzo le explicamos que el tratamiento requería dos sesiones y usted decidió no volver a la segunda.» Es exacto. Y en una sola frase confirma que esa persona es paciente, cuándo vino, qué se hizo y qué decidió.
Las malas reseñas duelen porque parecen injustas, y a veces lo son. Pero creo que la respuesta no se escribe para quien la dejó. Se escribe para quien la leerá después, que no sabe quién tiene razón y solo ve cómo trata la clínica a alguien que se queja.
Lo que le costó a una clínica.
En abril de 2022, una persona reclamó ante la Agencia Española de Protección de Datos. Tras dejar una reseña en Google sobre una clínica oftalmológica, la respuesta de la clínica había publicado su nombre y apellidos, su DNI, su teléfono, datos de su salud y datos sobre supuestas infracciones. La Agencia archivó primero la reclamación, la persona recurrió, y el procedimiento siguió. La resolución impuso a la clínica 7.000 euros: 5.000 por vulnerar la confidencialidad y 2.000 por no tener medidas de seguridad adecuadas, y le ordenó dejar de publicar esos datos.
Dos detalles del expediente me parecen más útiles que la cifra. Meses después, la respuesta ya no aparecía en Google, pero la persona había guardado la captura y el aviso por correo de la propia plataforma. Y la Agencia agravó la sanción por dos motivos: la clínica publicó los datos a sabiendas, y entre ellos había datos de salud.
Lo que dice la ley del secreto.
En España, la ley básica de autonomía del paciente reconoce a toda persona el derecho a que se respete la confidencialidad de los datos de su salud. Y el Código Penal castiga a quien, como profesional, incumpla su deber de sigilo y divulgue secretos de otra persona, con penas de prisión de uno a cuatro años, multa e inhabilitación.
En Suiza, el artículo 321 del Código Penal castiga, a instancia de parte, a quienes ejercen la medicina, la odontología, la farmacia, la psicología, la enfermería, la fisioterapia y otras profesiones sanitarias, y también a su personal auxiliar, cuando revelan un secreto que se les confió por su profesión o que conocieron al ejercerla. La pena puede llegar a tres años de prisión o multa. Solo queda impune si la persona afectada consiente o si la autoridad de supervisión lo autoriza por escrito.
Lo que no sé.
No he encontrado ningún caso suizo publicado sobre una respuesta a una reseña, y no sé dónde pondría el límite un tribunal ante una respuesta que solo insinúa. Tampoco sé qué hará Google con una reseña concreta: su moderación no depende de la clínica. No soy abogado. Lo que sí sé es que confirmar que alguien ha estado en su clínica ya dice algo de su salud, y que el expediente español no trata de una frase ambigua, sino de una respuesta escrita con enfado.
El punto ciego: quién contesta por usted.
Muchas clínicas delegan las reseñas en una agencia, en recepción o en una herramienta que propone respuestas. Si esa herramienta tiene acceso a la agenda o a la historia clínica, puede escribir con todo detalle lo que nunca debió salir. Y si quien contesta es la persona que trató al paciente, lo hará con la memoria del caso y, a menudo, con la herida abierta.
La respuesta a una reseña no se escribe para quien la dejó. Se escribe para quien la lee después.
Mi posición.
Creo que una clínica debería tener por escrito cómo se responde a una reseña, antes de necesitarlo. La respuesta pública no confirma que la persona sea paciente, no menciona fechas, tratamientos ni resultados, y ofrece un canal directo con la dirección para hablarlo en privado. Existe en cada idioma de la clínica. La escribe alguien designado y la lee una segunda persona antes de publicarla. La automatización puede avisar de cada reseña nueva y preparar el borrador, siempre sin acceso a datos clínicos. Una reseña injusta se supera. Una respuesta que cuenta lo que usted sabe de su paciente, no siempre.
Lo que yo revisaría.
- Las respuestas ya publicadas. En Google y en cada plataforma, buscar nombres, fechas, tratamientos y cualquier detalle que confirme una visita.
- Quién responde. Si hay una persona designada y una segunda lectura, o contesta quien tenga el móvil a mano.
- La respuesta tipo. Si existe en cada idioma y no confirma ninguna relación con la clínica.
- Las herramientas. Si una agencia o una IA responde por usted, con qué acceso y con qué instrucciones.
- El canal privado. Si quien se queja encuentra en su web una vía directa con la dirección, y si alguien la atiende.
Por dónde empezar.
- Hoy
Leer sus respuestas publicadas
Las de los dos últimos años, en todas las plataformas, con los ojos de quien escribió la reseña.
- Este mes
Escribir la respuesta tipo
En cada idioma, revisada por su asesoría jurídica, con el canal privado incluido.
- Este trimestre
Ordenar quién contesta
Una persona designada, una segunda lectura y un aviso automático de cada reseña nueva.
- Cada mes
Revisar reseñas y respuestas
Qué se ha dicho, qué se ha contestado y qué quejas pasaron al canal privado.
Lea la última respuesta que su clínica publicó a una mala reseña. Léala primero como la leería un paciente que todavía no les conoce, y después como la leería la persona que escribió la reseña.
¿Alguno de los dos aprendió algo sobre ese paciente que no debería saber? ¿Y quién escribió la respuesta: un médico, la recepción o una agencia? La peor respuesta no es la que pierde la discusión. Es la que la gana con lo que no se podía decir.
Si quiere que revise cómo responde hoy su clínica a las reseñas, y qué ve un paciente en su web cuando quiere quejarse, empiece por el Diagnóstico Estratégico. Qué puede decir su clínica en cada caso, y ante qué autoridad, lo decide su asesoría jurídica, no un diseñador.